martes, 12 de abril de 2016

Influencia minoritaria: Batalla por la igualdad de género

La violencia de género es el resultado de la posición que la mujer ocupa en nuestra sociedad, siendo un grupo despojado de poder. Esta posición aparece en todos los ámbitos socioculturales y se establece e integra en la psicología de las personas a través de canales cognitivos, conductuales, sociales, institucionales, etc. es una expresión de la relación de desigualdad entre hombres y mujeres. Es una violencia basada en la afirmación de la superioridad de un sexo sobre el otro, de los hombres sobre las mujeres. Afecta a toda la organización de la sociedad y, por tanto, estos actos violentos deben ser analizados dentro del contexto social.Los malos tratos a la mujer en la pareja y en general la violencia contra las mujeres, es un fenó- meno que se ha dado y se da en todas las culturas humanas. Sin embargo sigue siendo un fenómeno invisible, y sobre todo, minimizado. La violencia contra las mujeres o violencia de género, vulnera algunos de los derechos más básicos de todo ser humano, explicitados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Artículo 5. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Artículo 16.3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.


Como se expresó anteriormente, es en la sociedad donde se construye el concepto de género dado por las características del sexo con el que se nace y donde esas diferencias se basan en relaciones de poder; por eso cuando tocamos el tema de violencia intrafamiliar, se hace referencia al abuso de poder sobre los miembros más débiles que están a su cuidado, por eso afecta principalmente a los niños y niñas, a las mujeres, ancianos y ancianas y a quienes tienen alguna forma de discapacidad (Fajardo, Neidy, & Cortes, 2011) Pero la violencia en este caso no solo resume a maltrato físico, sino también emocional, verbal, sexual, y se da mediante manipulaciones, mandatos y en casos extremos aislamiento como había comentado en un principio desde tiempos inmemorables los hombres son quienes tienen la voz en situaciones de pareja, debido a los estereotipos de género que es una creencia exagerada asociada a una categoría, su función es justificar (racionalizar) nuestra conducta en relación a esa categoría (Vicente, 2000). Los estereotipos de género definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que se asignan a mujeres y hombres. Estos estereotipos refuerzan la idea del “derecho” del esposo/compañero a controlar el comportamiento de su pareja y de que ese control puede ejercerse a través de distintas formas de violencia (Saldarriaga & Berenguer, 2012)
Colombia, es uno de los seis países de la región con mayores índices de violencia contra la mujer, según el informe de Carga Global de Violencia Armada, elaborado por la Declaración de Ginebra. Además, en el territorio nacional sólo se empezó a hablar de feminicidio oficialmente desde junio de 2015, cuando el Congreso aprobó la Ley Rosa Elvira Cely, que castiga con hasta 41 años de cárcel este tipo de crímenes.
Entre inicios de 2014 y finales de octubre de 2015 se habían presentado 1.481 feminicidos, según el Instituto de Medicina Legal. Por otra parte, un informe de la Policía Nacional señala que casi en el mismo período de tiempo se registraron un total de 123.399 casos de violencia intrafamiliar, de los cuales 103.046 fueron en contra de una mujer. Y eso que en 2014 la Corte Constitucional había aprobado el aumento de penas por este tipo de maltratos que pasó de estar de entre uno a tres años, a cuatro y hasta ocho años.

El 2015 también fue el año del ataque a Natalia Ponce de León, un caso que llamó la atención de la opinión pública y terminó impulsando una ley que castiga este tipo de agresiones con penas de entre 30 y 50 años de cárcel, cuando se actúe contra una mujer o un menor de edad, además de un castigo económico que podría llegar a los $2.000 millones. Lo cierto es que la lucha de las mujeres por la reivindicación de sus derechos continúa. Cada vez son más las que se llenan de valentía para salir a contar sus historias de abuso y agresión y no sólo liberarse, sino demostrarles a otras víctimas que no están solas, que aunque son una fuente desprovista de poder pueden ejercer influencia, Varios estudios confirmaron que mientras que una mayoría suele obtener más influencia manifiesta, una minoría suele obtener más influencia latente o efecto de conversión (Moscovici). Estos modelos consideran que la influencia minoritaria aumenta a medida que aumenta el número de miembros que la componen. Muestra de ello es que la cantante Lady Gaga confesó en una de las galas más mediáticas del mundo –los Premios Óscar- que fue violada cuando tenía 19 años, e invitó a manifestarse en contra de este tipo de abusos.

Así mismo aumenta el número de mujeres como Margaret Thatcher, Angela Merkel, Michele Bachelet, Dilma Rousseff o Cristina Fernández que lograron liderar los destinos de toda una nación. Si bien no fue sino hasta 1975 que se oficializó la celebración del Día Internacional de la Mujer en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta conmemoración tiene vigencia desde 1909. Una tradición de más de 100 años en favor de la igualdad y la justicia de género que ojalá siga propiciando los debates que la sociedad necesita.
Recientemente el Departamento Nacional de Planeación convocó la ‘Misión de Movilidad Social y Equidad’ con el propósito de revisar las políticas vigentes y generar recomendaciones tendientes a mejorar estas dimensiones. Esta es una iniciativa muy pertinente pues Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina, y los indicadores de movilidad social son bastante desalentadores. El documento ‘Mujer y movilidad social’ hace parte de esta iniciativa y presenta un conjunto de recomendaciones de política para generar una efectiva igualdad de oportunidades para hombres y mujeres y de esta forma mejorar las dinámicas de movilidad social en Colombia. Este es un trabajo conjunto de Ximena Peña, Juan Camilo Cárdenas, Hugo Ñopo, Jorge Luis Castañeda, Juan Sebastián Muñoz y Camila Uribe. La visibilidad de la mujer colombiana ha aumentado considerablemente en el hogar, en la escuela, en el mercado de trabajo y, en general, en la sociedad. Existe además la intención colectiva de hacer de Colombia un país igualitario. Sin embargo, al mirar los resultados de desarrollo económico del país, vemos que aunque no existen barreras en la letra de la ley, los resultados diferenciales entre hombres y mujeres sugieren que en la práctica no se ha logrado la igualdad que la Constitución proclama.
Las barreras que enfrentan las mujeres en nuestra sociedad son una fuente importante de desigualdad y constituyen trabas a la movilidad social tanto intra como intergeneracional. Muchas de las desventajas que enfrentan las mujeres tienen que ver con la división de roles y las negociaciones al interior del hogar. La carga inequitativa de las mujeres afecta la movilidad social de las personas de bajos ingresos, porque afecta la acumulación de capital humano.


Debido a la problemática surge una incógnita ¿Cuándo una minoría conseguirá que la mayoría valide su mensaje y cuándo no? Mantener una posición mayoritaria confiere seguridad al sujeto en su respuesta. Para que las proposiciones minoritarias sean validadas, una minoría debe crear un conflicto en la mayoría capaz de reducir la confianza que ésta tiene en su propia posición para motivarla a que preste interés a las proposiciones minoritarias. Según Moscovici, el conflicto implica la confrontación de diferentes puntos de vista. Un primer factor que puede crear conflicto es la consistencia con la que la minoría avanza su respuesta, La consistencia permite que la minoría sea percibida como una verdadera alternativa en el modo de entender el objeto. La influencia es mayor cuando la respuesta de la minoría puede atribuirse a aspectos intrínsecos al objeto.

Yulibeth Barrios Castro.
psicología Sección 3 Semestre 5


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